30 junio 2006

Críptico II


Se lo dije, yo no caigo, vuelo, pero sus elevadas murallas tan sólo le pusieron impedimentos a ella, quien no pudo ver el horizonte.
…Seré el pájaro que se pose día a día sobre sus almenas con la esperanza de poder transformar con mi canto. Oh dolor… el conjuro del pecho que se cierne como coraza de metal hermético. Si mis cantos derribaran los petreos lienzos… cuán alto trinaría. No hemos de conformarnos con el sosiego de la inacción sino en la calma de la meditación sobre nuestro objetivo preparando la batalla, más allá del estruendo está el verdadero reposo. Este ave no soportará la eternidad y, un día, elevará su vuelo hacia otros horizontes. Derriba tus muros. Vuela conmigo.

26 mayo 2006

A Veces Me Pregunto Sobre La Materialidad


Si en mis impulsos pudiera trabajar, con fuerzas me encuentro de elevar inmensas torres que acaricien el nebuloso vientre océano que de vertigioso azul celestial tiñe nuestras bóvedas; donde la terrible tormenta amenazante vaga con inexpugnable cólera eléctrica, escarbando la fuerza indómita de lo celeste seguro me veo de batir los encrespados mares de añil y, una vez alcanzada la distancia, conversar con las estrellas. Pero, como es el sustento a lo que mi jornada me encomienda, queda en vanas y fútiles obras el fruto de mi corto esfuerzo dándome cuenta de aquello que la voluntad libre es capaz de alcanzar; mientras, la intención prisionera, queda en un minúsculo intento de movimiento esclavo de la terrenalidad.

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Y era tu cara el borde de estos cielos,
el manto mío de las estrellas.
Al mirar hacia arriba no vi nada 
sino tu permanencia, las pinturas
de tu rostro, la deriva de tus antepasados
inundando las altas nubes. Esos son los ríos que se abren.
En otro tiempo fuimos encontrados
y ya vivimos en las primeras células,
en los abismos de los mares,
en las primitivas danzas que el asombro
le ofreció al fuego.
   
Por eso somos ríos que se abren, brazos, cauces,
 torrentes arrojados de un agua única y primigenia
Nada se diferencia de lo que somos y nada de lo que es está fuera de nosotros.
Tu resumes las viejas tribus, las cacerías,
los primeros valles sembrados
y mi sed recoge en ti toda la saga de 
este mundo. No son mitos,
el mito es la mentira:
que sólo existimos una vez,
que cada uno es sólo uno.
Todos viven en ti y tú vives.
Las olas del tiempo inmemorial
y las estrellas.
Oh sí manto mío de mis estrellas;
la noche te habla antes de sucumbir
al día, las grandes batallas perdidas,
el pasto de los antiguos clanes y de las tribus
remontando por nuestros cursos el corazón
de los caminos del corazón y tus tocadas praderas.

Los Nuevos Pueblos,
de Raúl Zurita.

12 mayo 2006

Final

Tal vez ya no haya más.
Sigilo, silencio,
porque la complicidad
de esta noche rota
queda en mil pedazos.
Una lluvia vítrea
[del tenso silencio]
sesga la fragilidad
[equilibrio sutil]
del abrazo cálido,
del tierno susurro
que dulcifica el espacio
atrayendo la eclosión
en el rosado pecho
del amante al amor;
el trémulo palpitar
del incandescente
deseo en el abrupto
precipitar del día.
Tal vez se extinga
con la futilidad
nacida en la levedad
de razón que mantiene
el peso de toda razón,
de todos los derechos,
aquel que no se atuvo
al inconsciente halo
inocente o pueril,
de la confidencia
del amor que busca
por aquella vocación
del amor que encuentra.

09 mayo 2006

Impromptus

Cuando sobre la pureza del jazmín la mariposa estalla en color y parece dibujar sobre su aroma la ondulante brisa que la transporta junto al sustento de su existencia; una realidad gestada a partir del brote, y un brote tal, que germina a partir de un impulso recóndito, inexplicable; muestra palpable que su precipitación de vida nunca es propia de lo expontáneo, sino del misterioso ayuntamiento de los magníficos enlaces terrenales que ofrecen la magnanimidad voluptuosa de la existencia.

08 mayo 2006

Memorias


Cuando la voluntad se adhiere a las vivencias ésta fluye como una espiral continua en derredor del camino que recorremos, al comienzo, más intensa con su círculo más cerrado, más difusa conforme el tiempo trasciende en otras vivencias, pero eternamente abre y cierra su ojo presentándonos su extraordinaria capacidad de recrear el instante, la sensación acaecida; bañando otros momentos de mágico revivir, en ocasiones, de mágico renacer. Cuando la voluntad enferma y obliga a los momentos a permanecer inmutables, atesorados, sin dejar ser bañados por nuevas y enriquecedoras vivencias, perdiendo la frescura que adquieren al ser regados por la vida nueva de cada jornada, por el quehacer del espíritu en cada sentido, termina ésta aferrada al espíritu cual costra dolorosa a la que arrancar cuesta pedazos de alma.

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Las nubes cuelgan, pesadas,
maduran en la tibia oscuridad, donde se ocultan,
racimos de uvas de nocturno azul
grávidas de vino,
que silenciosamente se vacían sobre la tierra,
grávidas del vino de la Profundidad,
grávidas de poder secreto
succionado del mar y del cielo
y amargo rocío en la región de la última tiniebla.

El vapor caliente de la vida
se condensa en gotas,
cae en la noche mortalmente silenciosa.
¡Eleva la copa! Vas a aprisionar
la llave que te conduce donde nadie ha puesto su pisada,
la tierra donde el espíritu, libremente,
más allá de los límites del tiempo,
goza durante eternidades
cosas que nunca se imaginan, ni se ven, ni se sienten.

Detrás de mundos en vigilia
hierven extraños mares de deseo y maldición,
hornos de fundición de las profundidades,
de los que saltó, como una salpicadura,
cuanto podemos ver.

¿Te atreves a recorrer ese camino
trazado en el ebrio arrebato del horror?
Aterrorizado, dichoso,
llegarás a la oscura casa de las Madres eternas...

Frágil sobre aguas infinitas,
flor de la Profundidad, que no vió nunca su raíz,
libélula de un día, miedosa de la noche,
alguna vez te habrá de recibir la noche de las Madres!
La Muerte es negra de dolor.
La Muerte es blanca de deseo.
Sumergido en sus olas susurrantes
olvidas tú la pálida costa brumosa de la vida.

Karin Boye, El Canto de Lilith